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Martes, 21 de marzo de 2006
“…Muerte y nacimiento
Entre el cielo y la tierra suspendidos
Unos cuantos álamos
Vibrar de luz más que vaivén de hojas
Suben o bajan?
El presente es perpetuo
Llueve sobre mi infancia
Llueve sobre el jardín de la fiebre…”
Octavio Paz “Viento entero”
Delirio esclavizante. Es tal la consecuencia de los deseos cumplidos bajo el yugo de una incesante imaginación, que hasta el momento no logra capturar inocencias reales porque no encuentra la línea exacta en que se separan el sometimiento y la libertad…
Delirio esclavizante por la memoria inconclusa de una muerte inoportuna e intemporal; es la muerte de los esclavos de la existencia…
Esclavizante delirio es el de la mentira, las pautas insignificantes para conseguir una verdad absoluta… absolutamente escondida entre las mentiras más inocentes, pues la verdad no es más que un enorme y anticipadamente fracasado intento por demostrarnos que la existencia existe, y que la verdad es verdadera, como la mentira es mentirosa, y el engaño es engañoso…
Consecuencia esclavizante de efectos inmateriales es el nacimiento del alma, un intangible existente en las virtuosas manos del inexistente…
Causas esclavizantes de individuos esclavizados… somos digna representación del rebaño impopular que persigue ideales subliminales; Hermosa blasfemia expulsada de las entrañas de los dioses más impuros; Herejía divina irremediablemente sometida a una constante autodestrucción. Somos el ideal impío perteneciente a las minorías…
Libertad esclavizante de un esclavo libertario… otro delirio desafortunado el sometimiento a una libertad extinta… me pregunto si existió realmente en algún tiempo, en ocasiones pienso que batallo a favor de una libertad que realmente nunca ha existido… ¿hago la guerra por tu libertad?…
Amor esclavizante de mil épocas perdidas, también esclavas de su esclavitud ignorante. Pasado, presente y “presente perpetuo”, qué larga resulta la eternidad; amor esclavo de mi amor principiante, amor sin odio… no lo concibo! No me odias más de lo que me amas… no es posible que te ame entonces de esa manera…
Muerte esclavizante de un nacimiento innegablemente esclavo… no seamos permisivos con la vida esclavizante… si es posible seamos tiranos con nuestra existencia, tomemos las riendas de lo poco que nos queda con nuestra esclava más sublime: La libertad!. (Empiezo a dudar de tu existencia libertad… me estoy volviendo loca entonces, no sé a quién le hablo).
¡¡NIMIEDADES!!
El caos de mi existencia lo constituye básicamente la vida práctica; aun no comprendo mi total inutilidad e ineptitud frente a las cuestiones “simples” o que no requieren mayor uso del intelecto. Me veo en dificultades al momento y la forma en que debo dirigirme a un individuo cualquiera, pero es preciso de mi parte aclarar que no es en forma alguna una actitud de soberbia superioridad frente a un ser común, por el contrario, mi absoluta timidez me obliga a padecer un “misterioso” complejo de inferioridad que no se refleja en mis expresiones, pues como me lo han referido más de una vez, aparentemente mi complejo es de inteligible superioridad.
Situaciones que no precisan de largo y profundo análisis o debate, sino más bien de inmediatez, me abruman a tal punto en que prefiero callar y optar por la transparencia; si he de confesarlo me encuentro en una posición de “estorbo” frente a mi misma, pues mis sentidos no logran coordinar con mi apacible personalidad.
Así mismo me sucede con elementales problemas de la vida cotidiana como hacer una fila en el banco (realmente no lo hago) o asistir a lugares multitudinarios, me agobian los grandes números de personas o cosas reunidos en un solo lugar, me produce tedio la inoficiosa espera en lugares cerrados o abiertos, a eso se le suma el inexplicable delirio de persecución que padezco, que me obliga a retroceder la mirada cada vez que me encuentro en la calle o incluso en mi casa; no soporto los convencionalismos, me produce real desagrado solicitar citas médicas o regresar a lugares de los que ya he salido hace varias semanas o meses... lo admito, soy ingrata, pero es que no existe hipocresía que aborrezca más que la de agradecer algo que no agradezco.
Me molestan sobremanera los restaurantes en que debes ir, digámoslo así, presentable, al menos para darle un poco de “estilo” al lugar en que ni siquiera puedes comer tranquilo, bueno, eso me ocurre a mi.
No logro hallar la manera en que debo relacionarme con los demás, de hecho la gran mayoría de los amigos y conocidos que tengo, no los he “adquirido” por iniciativa propia, pues confieso que no he sido yo quien haga el esfuerzo sobrehumano que me sugieren las relaciones interpersonales por propiciar un encuentro.
Todas las situaciones elementales de mi existencia se encuentran en contraposición: no tengo idea alguna de cómo se cocina, pero si tengo una amplia idea del origen de los alimentos y sus ancestrales usos; detesto contestar el teléfono, de hecho soy feliz cuando no suena, me produce real fastidio aquel sonido premonitorio, sin embargo, puedo asegurar que conozco los medios de comunicación muy a fondo, los efectos sociales que producen y toda clase de inútiles argumentos que te puedes pasar la vida investigando para que terminen siendo publicados en el último plano del segmento de “farándula” de cualquier noticiero. ¿Cómo pedir dinero prestado? Tendría que hacer un curso completo para averiguarlo por lo menos. ¿Cómo le pido un favor a un vigilante, militar o policía? Bueno, la verdad no me interesa hacerlo pues confío más en un ladrón que en estos personajes. Puedo morir sola, sin lugar a dudas, pues la vida es tan extremadamente complicada para mí que prefiero no pensar en esa clase de nimiedades, no me preocupa realmente si me alimento correctamente o no, si realizo los recomendados ejercicios para conservar buena salud bla, bla, bla... no me intereso verdaderamente por la forma en que me visto, de hecho no es mi obsesión aunque debo confesar que tengo cierta inclinación por esta clase de estupideces... aunque no sé de “herramientas” que faciliten la vida, me gusta hacer de cuenta que la vida es fácil de esa manera no tengo que preocuparme por adquirirlas o por aprender a usarlas. La convivencia con personas que gustan del incesante, veleidoso e insípido parloteo me aturde, a decir verdad, me asfixia, es entonces cuando opto por el silencio… no niego que esta clase de superficiales conversaciones suelen tener cierto grado de interesante mordacidad, pero hay que ver como existen (la mayoría) quienes se acostumbran a ellas.
En conclusión debo asegurar que no me interesa realmente lo que suceda con mi salud, no soy amante del ejercicio físico y tampoco lo soy de la comida; me importa poco o nada el sobreactuado “culto” que se le rinde actualmente al cuerpo femenino y así mismo, no me preocupa ser una “inútil para la vida práctica”, esas preocupaciones se las dejo a quienes realmente les interesa, a quienes se encuentran dotados para lidiar con la existencia, yo por mi parte, continuaré viviendo de lo que me corresponde, como me corresponde. Ahora que lo pienso, tal vez por mi despreocupación frente a estas “complejidades” es que las personas que se encuentran a mi alrededor se ven en la imperante necesidad de cuidar de mi, dicho en otras palabras, de abusar de una excesiva protección sobre mi humanidad.
UNA NOCHE DE INSOMNIO…
Desde muy temprana edad mi salud no ha sido menos frágil que mi conocimiento; nunca he estado a punto de perder la vida (eso creo). Sin embargo, la debilidad con que mi cuerpo soporta sus frecuentes quebrantos, ha sido un proceso desesperanzador y extenuante, al mismo tiempo, (como diría uno de mis amantes literarios favoritos), ha sido “inspiradora de mis profundas quejas y congojas”.
La forma en que las personas que se encuentran a mi alrededor me demuestran su preocupación e inquietud (en ocasiones extremas) frente a la parquedad con la cual manejo mi salud y muchas otras situaciones de mi vida, me han llevado a pensar lo vulnerable que puedo llegar a ser frente a la absoluta soledad (me refiero a un aspecto físico). Siento un gran temor a la tiranía que me sugiere el silencio, ese despotismo con que invade, lenta pero acertadamente, los espíritus abstemios, solitarios y de fácil enfado.
Son algo más de las 3 de la madrugada y acaba de ocurrir algo que por alguna razón no me sorprende del todo: he despertado (tan abruptamente como es posible) en medio de mis sueños de grandeza con la melancolía y el temor a flor de piel y de mis labios, o mejor de mis manos, pues difícilmente por mi boca saldrán éstas y otras tantas palabras. La razón por la cual desperté de esta manera (no tan inusual después de todo padezco de un absurdo insomnio, que cada día me obliga a ocultar mis sueños en un momento que parece eternizarse y a reanudarlos una o dos horas después)- les decía que la razón por la que desperté así es la sed, una profunda y desgarradora sed…siento como si cada una de mis partículas se estuvieran secando, como si cada célula de mi cuerpo gritara en medio del desierto y pidiera un poco de compasión, ya sea a modo de consideración por su ardua labor; Siento que mis tejidos se marchitan, de hecho, empiezo a notar lo adusto de mis manos…mi garganta y boca están absolutamente secas, ya he tomado cinco vasos de agua y esta mísera sed no desaparece, por el contrario, con cada sorbo se acentúa…comienzo a asustarme un poco.
Uno de los hombres que más amo en el mundo (mi hermano), me ha descubierto…su mirada de preocupación mezclada con algo de borrachera me confirma una vez más lo que siempre he sabido: ¡Cómo me quiere ese hombre! …No puedo evitar que el llanto aparezca (a veces me pregunto como pueden salir tantas lágrimas de unos ojos tan pequeños), todo se ha prestado para ello, parece un complot en contra de mi sensibilidad; es una hora letárgica, llueve, hace frío, estoy sola, asustada, terriblemente impresionable…y, por supuesto, con esta perversa sed que me empieza a lastimar, el agua atraviesa lentamente mi garganta y siento como si no se dirigiera hacia ninguna parte; la sequía de mi cuerpo comienza a hacer sus efectos en mi alma, es mi mente la que parece desequilibrarse con cada pregunta que hace sin obtener respuesta... ¿Por qué tengo esta maldita sed?.
A veces desearía padecer una verdadera y poderosa enfermedad, (no como las que me aquejan constantemente que aunque no son exactamente simples, tienen mucho de aburridas) de aquellas que me llevaran consigo al mismo lugar que suelen ir los moribundos…pensándolo bien, solo lo deseo, pues me doy cuenta que puede ser muy probable que me suceda y el temor empieza a invadirme, tal vez sea producto de esta hora, o quizá sea el silencio (más silencioso a medida que avanza el tiempo)…
Angela.
Por: Pablo | Ensayos Tests Essais | Comentarios (0) | Referencias (0)