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Lunes, 25 de julio de 2005

Crónica de un secuestro anunciado

Secuestrar: “Retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines.”

Real Academia de la Lengua Española


Muchas veces se ha comentado que el secuestro es un “mal” engendrado por las múltiples carencias económicas y la descomposición social en una nación- en gran medida las que se encuentran en el subdesarrollo- los datos duros existentes lo muestran claramente. La palabra puede tomar diversas connotaciones dependiendo de los propios actores inmiscuidos, por un lado, puede significar una salida injustificada ante las grandes carencias; la fuente de financiamiento para algún grupo insurgente o paramilitar, o bien, un acto construido desde el mejor de los escenarios posibles para intentar modificar o buscar una causa de un determinado grupo con tientes políticos.

Bajo esta última premisa, se pude pensar que desde una perspectiva maquiavélica, impulsada desde las más altas esferas de grupos radicales de derecha pretendan intentar desestabilizar el país. No es raro que en tiempos preelectorales empiecen a modificar los escenarios posibles con el propósito de cambiar el rumbo político acorde a sus intereses.

En la actualidad esta nueva forma de desestabilización camina bajo dos caminos paralelos. El vender a la opinión pública la idea de una paz transitoria y los que nos hablan de una espiral de violencia incesante. Entre ellos existe una sutil comunicación.

En el secuestro del entrenador del equipo de fut bol soccer del equipo Cruz Azul, son muchas las contradicciones que existen y poco favorable el panorama para aclarar el caso. En primer lugar, el modus operandi de los secuestradores es muy ingenuo, al cometer el secuestro fuera del radio de un kilómetro del lugar de trabajo del entrenador. Por otro lado, el saber que el secuestrado es un personaje público de uno de los principales equipos del balompié nacional, traería consigo una enorme presión impulsada por las autoridades, medios de comunicación y sociedad en general. Sin dejar de mencionar que todo se comente en un entorno, donde se han desplegado costosos spots publicitarios en contra de la violencia existente en la capital del país.

La violencia crece efectivamente entre nosotros: Las estadísticas anuales de delitos son indudables. Esto conlleva paralelamente en los ciudadanos, un sentimiento de inseguridad. La propensión hacia la violencia, típica de una guarnición de vida en muchas ciudades del país.

Mientras el crimen pone en evidencia a las autoridades sus múltiples carencias, si se pretende seguir la violencia como abuso de poder de los estados autoritarios contra el ciudadano, degradando en estos casos el nivel del súbdito o sometido a poderes que no lo dejan expandirse y vivir. Todo quedará en dilemas póstumos del homenaje y el entierro, de la mutilación de alguna parte física y la degradación al máximo del individuo al perder su libertad. No se pude decir que estamos en la transición de un Estado democrático, ya que son evidentes los muchísimos casos de violencia individual. Se sigue manteniendo la guerra de un individuo o grupos de individuos contra hombres - guerra política-, todo quedará constituido bajo el país de “no pasa nada”, y donde se pude cometer cualquier ilícito bajo los intereses de un pequeño grupo de individuos.









Por: Pablo | Artículos Articles Articles | Comentarios (0) | Referencias (0)

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