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Miércoles, 20 de julio de 2005
Un paisaje de oleadas boscosas y silenciosos montes cubren el valle donde se encontraron los indígenas de todos los rincones del país, nahuas, matlatzincas, chinantecos, purépechas, tlahuicas, zapotecas, totonacos, mayos, zoques, rarámuris, tzotziles y otros más. El lugar ya es un testimonio histórico. Los días tres y cuatro de marzo, la comunidad de Nurio, Michoacán es sede de lo que acuerdan los indígenas de Mesoamérica en el Tercer Congreso Nacional Indígena (CNI).
Participaron 41 delegaciones de los pueblos originarios de México de las cuales muchas iban representadas por mujeres. Sus palabras y testimonios no son casuales, son los relatos de una lucha silenciosa por su reconocimiento. A eso venían, a ajustar cuentas con la historia y exigir el lugar que les corresponde.
La voz femenina distinguió la historia enmudecida de la lucha por el reconocimiento de la equidad de género y abrió un horizonte posible, alcanzable: un derecho que de por sí ha estado negado para las mujeres, el derecho a la diferencia.
Una historia de resistencia
Elisa Vallejo Gaspar de la comunidad purépecha de la región lacustre del lago de Pátzcuaro nos dice que "si tenemos tantos problemas en las comunidades indígenas que recaen más en las mujeres, no es que los hombres nos maltraten y sean los responsables directos, no es que ellos sí tengan el mando y los derechos, sino que todo lo que nos afecta como comunidad indígena lo sufrimos como indígenas y como mujeres.
"Nos afecta la salud de la mujer, no hay medicinas, ni doctor. Estamos a cargo de la familia y si uno de los hijos se enferma, nosotras tenemos que atenderlos con lo que cuente la comunidad. Cuando vamos a tener un hijo, muchas veces no estamos fuertes, nos falta alimento y eso lo resentimos más y luego hay problema a la hora de que nazca."
Como en este caso, las mujeres indígenas se han enfrentado a los problemas por triple partida. Por ser mujeres, por ser indígenas y por ser pobres.
Los derechos de la mujer en las comunidades indígenas son difíciles de ejercer, por ejemplo, son pocas las veces que las mujeres participan en las decisiones de sus pueblos y comunidades, aunque ello depende de cada región y comunidad indígena. Lo cierto es que hasta ahora se empieza a reconocer su participación frente a una cultura que se reproduce no sólo entre los indígenas, sino en todos los espacios sociales de la nación mexicana. El machismo y el patriarcado como signos de autoridad.
Elisa cuenta que "para poder estar como representante en el CNI, es porque primero empecé a cuestionar los lazos de la familia, hacer críticas y autocríticas dentro de nuestros pueblos... necesitamos una educación, formas y facilidades para participar, para aparecer como un representante de la comunidad sin que sea un dolo mi condición de mujer."
Las mujeres indígenas tienen generalmente roles que seguir en sus comunidades. Es parte de la división del trabajo para la sobrevivencia de la comunidad. Sin embargo, Muchas de las veces, la comunidad indígena está sujeta a las condiciones externas que afecta a todo el pueblo y en mayor grado a las mujeres. Sabemos que hasta ahora a los pueblos indígenas no se les reconoce su condición de sujetos de derecho, es decir, de respeto a sus formas de organización normativa y la libre determinación, expresadas en la autonomía.
De reconocerse estos derechos se permitiría la libre determinación sobre sus territorios, la forma de trabajo y la manera de explotar los recursos naturales de una forma compartida y en beneficio de sus pueblos. Las mujeres podrían ocupar otros roles que no se les fueran impuestos por mecanismos de sobre vivencia. Dedicarse a la recreación, educación y participación activa de la comunidad entre otras tareas serían algunos ejemplos.
Juana Vázquez de la Unión de Mujeres Yalaltecas del estado de Oaxaca comenta que "la autonomía se practica, sin embargo, se ha librado una lucha contra los caciques que buscan arrebatarnos nuestros terrenos para beneficio de otra gente rica... Logramos elegir a nuestra autoridad representativa como un proyecto que abarca la recuperación de nuestras tradiciones agrícolas y con esto se avanza en aspectos educativos, de salud y comunicación... Lo que el gobierno federal y estatal da de participaciones municipales es muy raquítico. Si no fuera por lo que nosotros llamamos tequio (faenas colectivas) los pueblos no podrían resolver las necesidades más inmediatas.
"Los enemigos de esta tradición que es el tequio siempre buscan enterrar primero lo que esta tradición implica que es para nosotros la unidad de los pueblos. Lo hacen subiendo el precio de los granos, los comerciantes nos compran muy barato el producto y vemos ahora que poco alcanza, sólo para ir al paso y para colmo los gobernantes federal y estatal busca comprarnos nuestras tierras muy baratas”.
"Nosotras las mujeres tenemos que hacer muchas tareas para la vida del pueblo, estar a cargo de las familias, cuidar a los hijos, preparar la comida, participar en las faenas del pueblo, en la preparación de las fiestas... muchas de las mujeres indígenas desde niñas hemos aprendido nuestra lengua y nos es difícil hablar ahora en español cuando tenemos que ir a lugares como este por necesidad... Que nos reconozcan como mujeres indígenas, además que buscamos otro tipo de participación."
La pobreza de las comunidades indígenas es alarmante. Por citar sólo un ejemplo hasta 1993, el 54 por ciento de la población indígena en el estado de Chiapas (Uno de los estados con mayor población indígena) está desnutrida y en las zonas de la Selva y Altos el hambre supera el 80 por ciento.
Antonio Gutiérrez Pérez uno de los fundadores de la organización sociedad civil Las Abejas en Chenalhó, Chiapas nos cuanta que “en nuestras comunidades hay mucha carencia... No hay hospitales, escuelas, la gente hoy está desplazada en otros lugares. Estamos marginados porque no hay apoyo para trabajar nuestras tierras y cuidar los árboles... Ya no aguantamos el hambre pero resistimos y por eso estamos aquí para ya no aguantarnos el hambre y que todos ya podamos estar trabajando en paz sin que entren gentes ajenas a explotar nuestros territorios y nos dejen pobrezas.
"Las mujeres conocen todos los problemas de la comunidad, los viven, los sufren al igual que nosotros, pero hay casos como la matanza de Acteal que nunca vamos a olvidar... donde a las mujeres se les abrió esta parte, la panza para sacar a su hijo. Las mujeres sufren mucho.
“La participación de las mujeres es así. Tienen su propia asamblea, defienden sus derechos, tienen su dirigente. Su desarrollo, su pensamiento y vivir en la casa con sus esposos y como pueden cuidarse así mismo las mujeres.”
Cómo ven a las mujeres zapatistas
La marcha de la Dignidad convocada y encabezada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hacia la ciudad de México con el fin de llegar al Congreso de la Unión y hacer valer los acuerdos de San Andrés entre el gobierno federal y el EZLN sobre materia de derechos y cultura indígena, ha despertado una gran simpatía y conciencia ciudadana sobre los derechos de los pueblos originarios.
Entre la delegación zapatista se encuentran algunas comandantas, Esther, Fidelia y Yolanda son quienes llevan la voz de sus pueblos y la de las mujeres no sólo para hacerse escuchar en el Congreso de la Unión, sino para abrir el oído atento de los pobladores de los lugares donde han pasado y visitado.
Josefina Flores Romualdo de la organización mazahua del Estado de México habla sobre las mujeres zapatistas "como dicen las compañeras zapatistas, los hombres solos no podrían dar la lucha, desde que las mujeres participamos en nuestros pueblos logramos echar al cacicazgo, tuvimos una fuerza tremenda y pudimos juntos desarrollar un proyecto comunitario.
"Ahora, el ejemplo de las compañeras (zapatistas) es para todos y todas. Los problemas que vivimos en nuestros pueblos son los mismos que viven las mujeres de Chiapas, las mujeres zapatistas. Necesitamos una lucha más grande en un nivel nacional con todas las mujeres y también con los hombres. Solos cada uno no podremos avanzar."
Un poco despacio, la mujer de la delegación rarámuri que evita dar su nombre, nos habla sobre lo que piensa de la lucha de la mujer zapatista: “las mujeres andamos como ellas (las zapatistas)... venimos aquí para verlas y conocerlas... Venimos a ver nuestra lucha, de los que venimos junto con nosotros y ellas zapatistas ahora crecen como nosotros indígenas. Sí, estamos lejos pero juntas... luchamos como mujeres como indígenas como pueblos que ya no sólo son sin la mujer.
Redimensionar la ley revolucionaria de las mujeres
En la mesa tres del encuentro indígena se discutieron las estrategias del CNI para el reconocimiento constitucional de la iniciativa de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) y las estrategias de fortalecimiento del CNI.
Dentro de estos temas, la participación de las mujeres fue desbordante. La mujer indígena en las estrategias de lucha fue la discusión. Se llegaron algunos acuerdos que realmente replanean la ley revolucionaria de las mujeres integrada en la Primera Declaración de la Selva Lacandona del EZLN emitida el primero de enero de 1994. La tarea es redimensionar a las mujeres como participantes activas de la lucha indígena.
En dicha ley zapatista, las mujeres tienen el derecho de trabajar y recibir un salario justo y digno, tienen el derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargos si son elegidas democráticamente, tener derecho a la educación y la cultura así como a la organización.
Estos derechos pensados por los zapatistas hoy toman vida nueva, acogidos por los demás pueblos indígenas y por la participación activa de las sociedad civil, en especial de las mujeres, logran ya tener alcances nacionales.
La moderadora de esta mesa Juanita López leyó los acuerdos: exigir la participación de las mujeres, establecer alianzas con mujeres, trabajar de manera conjunta, mujeres y organizaciones; realizar una campaña de capacitación dirigida a las mujeres en torno a la propuesta de la COCOPA, establecer el contacto con la comisión de género y equidad de los congresos de los Estados y a nivel federal para convencer a las diputadas y senadoras en apoyar la aprobación de los acuerdos de la COCOPA, y que las mujeres emitan sus propias propuestas.
Karla Díaz Pérez
Estudiante de la UAM
Ricardo Martínez Martínez
Estudiante FCPyS, UNAM
Por: Pablo | Artículos Articles Articles | Comentarios (0) | Referencias (0)