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Miércoles, 20 de julio de 2005
Una gran exposición en Fnac Parquesur (Madrid) recuerda al mítico cineasta.
Fnac Parquesur (Leganés). Del 9 de mayo al 30 de junio.
La nueva Fnac Parquesur abrirá por primera vez sus puertas el 11 de mayo, en el centro comercial del mismo nombre, en Leganés, y lo hará con una exposición de materiales inéditos del cineasta Stanley Kubrick.
El recorrido por imágenes y objetos del artista permitirá tanto al cinéfilo como al aficionado introducirse en el mundo del director, guionista y productor estadounidense. Una oportunidad única de conocer su inquietante mirada, capturada de forma inadvertida por la cámara, mientras supervisa la escena que está rodando.
La exposición 'Los Archivos de Stanley Kubrick' está formada por una colección de fotografías de los rodajes y por guiones, hojas de rodaje y un sinfín de documentos que el director utilizó durante la filmación de sus películas. Además, se expondrán numerosos objetos utilizados en sus películas, como por ejemplo una máscara de Eyes Wide Shut (1999).
En esta muestra se recogen imágenes del Kubrick más desconocido, el jugador de ajedrez, y del director que da indicaciones minuciosas a su equipo en los rodajes de '2001: Una Odisea en el espacio' (1968), 'La naranja mecánica' (1971), 'El Resplandor' (1980)y 'Lolita' (1962), entre otras.
Stanley Kubrick nació en el neoyorquino barrio del Bronx en 1928. Desde muy joven se interesó por la fotografía, la música y el ajedrez. Con el paso del tiempo, estas tres pasiones marcarían su brillante carrera cinematográfica y acabarían siendo la clave de su éxito profesional. A los 17 años comenzó a trabajar como fotógrafo para la revista Look, lo que le permitió recorrer Estados Unidos.
Cuando reunió el dinero suficiente, inició su andanza en el mundo del cine. Con 21 años, debutó con su primer corto, Day of the fight. La buena acogida le motivó para dirigir su segundo corto, The Flying Padre, y ahí descubrió su vocación de cineasta. En 1956 rueda Atraco Perfecto, e inicia su larga lista de triunfos: la antibélica Senderos de Gloria (1957); la superproducción Espartaco (1960); la polémica Lolita (1962) o la sobrecogedora La Chaqueta Metálica (1987) son algunos de ellos.
Siempre en un tono provocador y con sentido crítico, convertía en éxito seguro cada uno de sus proyectos. Kubrick murió en 1999 en Harpenden, Inglaterra, dejando recién acabada la película Eyes Wide Shut, que se estrenaría de manera póstuma unos meses más tarde.
La exposición Los Archivos de Stanley Kubrick ha sido posible gracias a la colaboración de la editorial Taschen y de AGFA, y podrá verse en la nueva Fnac de Parquesur, con acceso gratuito, a partir del 11 de mayo y hasta el 30 de junio.
No hay aficionado al cine, por escuálida y desinformada que sea su afición, que no sepa quién es Stanley Kubrick y no retenga en la memoria alguna de las rarezas que normalmente se le atribuyen: su afán por controlar todos los recovecos del proceso cinematográfico, su individualismo, su perfeccionismo convulsivo, su fobia a viajar y a cualquier forma de hipocresía social... Normalmente los cineastas, igual que el resto de los creadores, son conocidos por sus obras; y son escasos los que, además, lo son también por poseer alguno de esos atributos -atormentados, misteriosos o excéntricos- que desde el romanticismo se atribuyen al artista. ¿Es esta la prueba del genio, de aquel que da un paso más en el dominio de su oficio? Con toda seguridad no. La mitificación del creador, su conversión él mismo en personaje, es cosa que no tiene que ver necesariamente con la calidad de su obra, sino que influyen en ella otros factores, y uno que casi siempre está presente es el azar. No son pocos, por ejemplo, los artistas cuya fama, convenientemente estimulada por los rasgos de una personalidad inusual, es superior a la que su obra merecería.
No es ése el caso de Kubrick, por mucho que su valía como director haya sido y siga siendo cuestionada por muchos. La crítica más frecuente que se le hace es la de ser un cineasta megalómano, frecuentador de un esteticismo vacío. Pero no sólo. Como es habitual en estos casos, hay asimismo quien lo denosta por precisamente lo contrario, por excesivamente político y obvio, por encerrar en sus películas mensajes demasiado claros: el antimilitarismo de Senderos de Gloria, la alegoría sobre la evolución de 2001: Una odisea en el espacio o, ya en el colmo del esperpento, el supuesto criptofascismo, según algunos, de La naranja mecánica.
En realidad, la causa del desacuerdo que suscita Kubrick hay que buscarla en lo que hace de él un rara avis. En una escena tan maniquea como la cinematográfica, en la que con frecuencia el cine parece artificiosamente dividido entre dos mundos irreconciliables, por un lado el cine de autor, y por otro, el cine comercial, Kubrick se hurta de quien quiere clavarlo con una aguja en una vitrina determinada. Como autor es uno de los grandes, al lado de Orson Wells, Bergman, Woody Allen, Fellini, Truffaut, Rosselini, pero, a diferencia de ellos -con excepción de Orson Wells en su primera época-, tuvo la necesidad y la posibilidad de servirse en sus películas de toda la potencia tecnológica, y, por tanto, monetaria, que la industria cinematográfica suele reservar exclusivamente para el cine comercial.
Aunque antiguo, y no excepcional de él, no deja de ser injusto, de todas formas, ese desacuerdo que la figura de Kubrick suscita. Fue un privilegiado, es cierto, ya que su cine se benefició de unas facilidades que otros directores jamás soñaron, pero también lo es que ese desahogo económico, ese derroche de tiempo y de medios, incluso en sus obras más fallidas, no fue nunca huero, pues se tradujo sin excepción en una búsqueda obsesiva de la perfección, de los límites tanto de lo que la cámara puede abarcar como de la narratividad; y, lo que es más importante, siempre fue complemento, y no un fin en sí mismo, de algo que debe guiar al verdadero artista y, en particular, a un narrador como él lo era: la voluntad de reflexionar o, por lo menos, de interrogarse acerca de temas comprometidos.
Todas las películas de Kubrick, desde la primera y peor de todas, Fear and desire, exploran un tema recurrente: el de aquello que, invención o no del hombre, puede imponerse en determinado momento sobre su voluntad. En su primera época es el poder en sus múltiples facetas: la perversión a que puede dar lugar su ejercicio, en Senderos de Gloria; las imperfecciones no deseadas que, como organismo autónomo, puede albergar, en Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?; o su capacidad para modificar el destino de las personas, en Espartaco; mientras que en la segunda, la que empieza con 2001: una odisea en el espacio, sin abandonarlo nunca (la segunda parte de La naranja mecánica), su obra cada vez más se desliza hacia la exploración de lo onírico, del deseo, la locura o la violencia, es decir, de fenómenos que, naciendo, al contrario que los mecanismos de poder, del interior del propio individuo, pueden imponerse igualmente sobre sus designios. Fuera cual fuera el objetivo que persiguió en cada película lo que sí parece es que en todas se comprometió hasta el fondo.
Filmografía
1951: Flying Padre, cortometraje documental.
1951: Day of the Fight, cortometraje documental.
1953: Fear and Desire, con Frank Silvera, Kenneth Harp, Stephen Coit y Paul Mazursky
1953: The Seafarers, cortometraje documental.
1955: El beso del asesino (Killer's Kiss), con Frank Silvera, Jamie Smith e Irene Kane.
1956: Atraco perfecto (The Killing), con Sterling Hayden, Coleen Gray y Vince Edwards.
1957: Senderos de Gloria (Paths of Glory), con Kirk Douglas y Ralph Meeker.
1960: Espartaco (Spartacus), con Kirk Douglas, Laurence Olivier, Jean Simmons, Peter Ustinov y Tony Curtis.
1962: Lolita, con James Mason, Shelley Winters y Sue Lyon.
1964: ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb), con Peter Sellers, George C. Scott y Sterling Hayden.
1968: 2001, odisea del espacio (2001: A Space Odyssey), con Keir Dullea, Gary Lockwood y William Sylvester.
1971: La naranja mecánica (A Clockwork Orange), con Malcolm McDowell, Patrick Magee y Michael Bates.
1975: Barry Lyndon, con Ryan O'Neil y Marisa Berenson.
1980: El resplandor (The Shining), con Jack Nicholson, Shelley Duval y Danny Lloyd.
1987: La chaqueta metálica (Full Metal Jacket), con Matthew Modine, Adam Baldwin y Vincent D'Onofrio.
1999: Eyes Wide Shut, con Nicole Kidman y Tom Cruise
Por: Pablo | Cine Cinema Cinéma | Comentarios (0) | Referencias (0)