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Miércoles, 13 de julio de 2005
“Detrás de un gran hombre hay una gran mujer” se volvió una frase de lugar común para afirmar que la presencia femenina es indispensable para la figura masculina en el poder o para explicar una razón más del éxito del barón en cualquier actividad humana. Luego, la cantidad de excepciones a la supuesta regla, obligó a convertir el cliché en sentido contrario: “Detrás de una gran mujer hay un gran mandilón”, llegó a decirse. No es que busquemos similitudes con quienes todos se imaginan: los habitantes temporales de la residencia oficial. Vamos a referirnos más bien a las parejas que pueden ocupar Los Pinos o un modesto catre en el Palacio Nacional. Y todavía menos que eso, esta vez nos vamos a detener en las señoras de los suspirantes.
Hace unas semanas hacíamos el comentario del libro que analizaba las biografías de los precandidatos a la presidencia de la República. El subtítulo de esa publicación mencionaba que los políticos ahí incluidos eran presentados en carne y hueso. Al respecto, y en la perspectiva de muchos mexicanos, sentimos que la caballada está un tanto flaca y que la recua en su conjunto muestra más huesos que carne. No es así en el caso de las respetables señoras que conviven, cohabitan o aparentan compartir su vida con los presidenciables.
Partiendo de un interesante trabajo de dos periodistas, Brenda Lozano y Rita Varela, de la revista Día Siete de la edición dominical de El Universal, presentamos un breve análisis de esa lista paralela, la de las parejas de quienes van a protagonizar esta carrera parejera que tiene su meta en poco más de un año.
Casi podemos asegurar que las posibles suspirantes por lo que menos suspiran es, después de la negativa popularidad de la pareja del actual presidente, a acompañar todo un sexenio a su marido y marchitarse a la sombra de su agenda, a la cancelación absoluta de su vida privada, bajo un calendario repleto de acciones altruistas y hasta simulando un activismo filantrópico, inventado por la logística de los militares del Estado Mayor que llegan a mover como títeres al presidente y su consorte.
Bajo esa advertencia desfilan en esta pasarela un ramillete de señoras bellas, mexicanas y extranjeras, preparadas, discretas y dispuestas a ser generosas, cuando menos ante las cámaras. En el fondo todas ellas preferirán mantenerse en el bajo perfil para seguir yendo de vacaciones y compras a Miami o San Antonio y no verse en el ojo del huracán como la controvertida señora Sahagún.
La esposa de Creel es guapa y discreta. Huye de los reflectores y su tiempo libre lo dedica a apoyar a instituciones de beneficencia mediante la venta de obras de arte. Proviene de una familia adinerada y tiene todas las características para pensar que prefiere la vida privada a la promoción del voto o el protocolo oficial. Su nombre es Beatriz Garza y tiene 3 hijos adolescentes.
María Celeste Batel es una bella mujer portuguesa. Es la hija de un amigo del presidente Cárdenas, esposa de Cuauthémoc y madre de Lázaro. En numerosas ocasiones ha declinado ser entrevistada. Su discreción es una de sus virtudes. Sin embargo, ante la necesidad de apoyar la campaña de su esposo en el proceso del año 2000 apareció en pantalla y refiriéndose al huraño Cuauthémoc dijo: “Es un hombre íntegro y trabajador. Confío en él porque es un buen padre, un buen hijo y un buen compañero. Piensa en tus hijos, Cuauthémoc es el presidente que México necesita. Te invito a votar por él”.
Isabel de la Parra Trillo es la tercera esposa de Roberto Madrazo Pintado. Se especula si la razón de tanta inestabilidad es por el apellido del tabasqueño. Lo cierto es que esta mujer está considerada como una de las más guapas y con mayor personalidad de las esposas de los presidenciables. Su especialidad en psicopedagogía la ha llevado a crear instituciones de apoyo a niños con problemas de lenguaje. Sería una de las que preferirían un sitio del poder para desempeñarse en un activismo con fines sociales. Sin embargo, ha trascendido en fuentes cercanas al CEN del PRI, que la esposa del presidente de ese partido ha enfrentado en los últimos años severas complicaciones de salud.
A Andrés Manuel López Obrador se le acaba de descubrir una relación sentimental. Como sabemos, el jefe del gobierno capitalino es viudo y se pensaba que por andar todo el día acompañado de Nico no tenía tiempo para flirteos ni cachonderías. Pero he aquí que aparece en el escenario Beatriz Gutiérrez Müller, periodista, comunicóloga, egresada de la Universidad Iberoamericana de Puebla. Con 36 años y varias experiencias laborales en el gobierno del D.F., ha deslumbrado por su inteligencia y militancia al político perredista. Dicen que es culta y misteriosa. Sus ex compañeros de trabajo comentan que no tiene buen carácter y en ocasiones es hasta arrogante. Por lo pronto ya reconoció que sostiene una relación formal con quien es ampliamente conocido por el mote de Peje, por lo que pide Bety que a su novio le llamen por su nombre.
Sólo nos hemos detenido en las mujeres de los candidatos que según las encuestas tienen una tendencia de voto favorable. De otro modo nos metemos al chisme de revista del corazón o de la plana roja. Por tal razón no mencionamos a la bella modelo francesa que es treinta años menor que su marido Arturo Montiel ni a la señora del ex gobernador de Hidalgo Manuel Ángel Nuñez que murió en condicione sumamente extrañas, lo cual despertó sospechas contra su esposo. Tampoco tiene sentido analizar a las conejitas de ‘Playboy’ con las que se retrata Jorge Castañeda, ni las opulentas mujeres mejor conocidas como las “Simichicas” que se abrazan todas las madrugadas en varios canales de televisión con Víctor González Torres quien, en caso de llegar a Los Pinos, se daría el lujo de escoger de entre su harem una mujer para ser Primera Dama por un día.
La gran mayoría de las compañeras de los políticos aspirantes a ponerse la banda presidencial seguramente que lo que más desean es mantenerse lejos de la negra nube de camarógrafos, distantes de la insolencia de los soldados que no admiten mínimas violaciones al protocolo, ausentes de las columnas del chismorreo político, presentes en su hogar y en su trabajo, más preocupadas por la carne que por el hueso.
No cabe duda que la política ha caído en la trivialización, pero no es frívolo desear que la esposa del próximo presidente de México sea lo suficientemente prudente para no interferir en las decisiones de Estado, lo suficientemente honesta para no crear fundaciones que se presten a la suspicacia y que sus ‘faldas’ no representen los cambios trascendentales que sigue anhelando la mayoría del pueblo mexicano, tal como afirmaba en días pasados el presidente Fox refiriéndose a las faldas de su esposa, cuando lo que se necesitaba para gobernar eran pantalones. Pequeño detalle.
Por: Pablo | Artículos Articles Articles | Comentarios (0) | Referencias (0)